Una nueva bailarina protagoniza este pastel, presentando Degas las diferentes posturas de la danza. La joven viste el tradicional vestido vaporoso de color blanco con un gran lazo azulado; sentada sobre un largo banco de madera oscura, estira sus músculos y los calienta antes de empezar el ensayo. Junto a ella encontramos el vestido de otra bailarina, exhibiendo el artista en esta ocasión la influencia de la fotografía, muy de moda en el
Impresionismo. La concentración de la muchacha se intuye al observar su cabeza. Los contornos están muy marcados siguiendo las pautas típicas de la pintura de Edgar.