El
Realismo había impuesto una temática de carácter social en el que los protagonistas de los cuadros eran los trabajadores. Degas quiere continuar con esta vena realista y realizará numerosas escenas en las que aparecen modistas o
planchadoras, convirtiéndose en un pintor de su tiempo como reclamaba Baudelaire. La joven parece descansar sobre el mostrador de la tienda en la que trabaja, destacando el gesto alegre de su rostro. El pastel se aplica rápidamente, sin interesarse por detalles superfluos a excepción de los rasgos de la joven. Las tonalidades oscuras dominan la composición, pudiendo tratarse de un color simbólico del futuro de la modista.