Los paisajes en los que trabajó Degas entre octubre de 1890 y septiembre de 1892 son en su mayoría recuerdos de viajes pasados, evocando aquellos lugares que más llamaron su atención. Así surge esta vista de Borgoña, en la que la forma deja paso al color como ocurría en la
Batalla de Poitiers según
Delacroix.