En sus últimos años Cézanne repitió el tema de las
Bañistas que había realizado 30 años antes. Las mujeres se muestran desnudas ante un fondo de paisaje en el que no hay nada definido y en el que abundan las tonalidades malvas. Estas figuras son macizas, casi escultóricas, en parte debido al empleo de una línea oscura que delimita sus contornos. Sin embargo, los rostros han desaparecido, siendo sustituidos por máscaras, como también haría
Picasso. El color es aplicado con violencia, mediante largas pinceladas en las que emplea espátula. Las tonalidades claras y alegres de sus primeros años dan paso a tonos oscuros. Su proceso de recuperación de la forma a través del color ha concluido; el
Impresionismo ya es algo sólido y duradero, como el arte de los museos.