La reina Isabel de Borbón sería la pareja del
retrato ecuestre de Felipe IV en una de las paredes menores del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Sobre la puerta que separaba ambos cuadros se situaba el retrato ecuestre de su hijo
Baltasar Carlos. Este lienzo plantea los mismos problemas que los de
Felipe III y
Margarita de Austria, ya que el vestido de su majestad y la gualdrapa del caballo están realizados tan minuciosamente que no corresponden con el estilo que hace gala Velázquez por esos años. Se piensa que la obra la iniciaría el maestro antes de irse a Italia en 1629, la continuaría otro autor en un estilo diferente y la finalizaría el sevillano en 1635, especialmente la cabeza de la reina y la del caballo. Precisamente en ambas zonas se aprecia la soltura característica de Velázquez en la década de 1630, destacando el mechón de pelo que cae sobre la cabeza del animal. El fondo de paisaje también podría ser de mano del maestro, al haberse conseguido el efecto de profundidad típico del
Cinquecento Italiano.