El sentimiento trágico acompaña a esta serie de bodegones realizados por Goya durante la Guerra de la Independencia, representando animales muertos ante un fondo neutro. En esta ocasión nos encontramos con unas doradas - véase el
Pavo muerto,
Aves muertas o
Liebres - en las que se suprime el detallismo que acompañaba a los bodegones del
Barroco. La iluminación empleada acentúa el dramatismo, incluso los ojos de los peces parecen acusarnos de las tropelías que se estaban realizando en el campo de batalla, como bien se pone de manifiesto en la serie de los
Desastres de la guerra. La pincelada empleada por el aragonés es muy rápida, aplicando tonalidades blancas, grises, rojas o amarillas con una calidad excepcional, adelantándose al
Impresionismo.