Jean Ingres realizó este retrato femenino entre los años 1814 y1816, es decir, durante su estancia en Italia. La retratada, como suele ser habitual en este artista, es una dama de la aristocracia. La pose de la modelo es la que Ingres mantenía de una a otra señora: lujosamente vestida, aparece reclinada entre sedas y cojines como una
odalisca de harén. Todo en ella nos recuerda a retratos como el de
Madame Rivière o
Madame Devauçay. También como suele ser habitual, el autor ha dejado su firma camuflada entre los objetos del cuadro: en este caso podemos identificarla en un papelito introducido en el marco del espejo que bellamente reproduce la nuca de la retratada.