Ingres ya había retratado a Bartolini en 1806, cuando ambos eran estudiantes en París. Bartolini, florentino de nacimiento, invitó en varias ocasiones a Ingres a su casa. El pintor terminó por establecerse en Florencia y abrir allí su taller, precisamente el año en que retrató por segunda vez al escultor
neoclásico. El amigo aparece retratado con la elegancia que caracteriza las manufacturas de Ingres. A su lado, un busto indica la profesión del italiano. Podríamos compararlo con el retrato de
Lorenzo anterior, en el que el joven estudiante sostiene en sus manos una cabecita griega, indicando cuáles son sus maestros en la escultura. En este otro retrato, la escultura que le acompaña la ha hecho el propio Lorenzo, indicando así la evolución y el progreso de un artista consagrado ya.