Ingres amplió las poses de sus modelos en estos retratos de su última etapa. Si en la primera fase se limitaba a colocar a sus damas recostadas sobre almohadones (como
Madame Rivière), ahora varía la manera de disponerlas, en pie contra una repisa como la
condesa de Haussonville, con la pose majestuosa de
Inés Moitessier, o en esta más desenfada sin perder la elegancia que exhibe la princesa de Broglie. El estudio de las telas y las joyas es el mismo que en todos sus anteriores retratos. También podemos estudiar la evolución de la moda, desde los talles altos de los vestidos tipo imperio que se aprecian en sus primeros retratos, a estos pomposos vestidos e isabelinos, de escotes desmesurados y faldas infladas por polisones y armaduras. Como dato curioso hemos querido complementar el retrato con uno de los abundantes
dibujos preparatorios del mismo, en el que la dignísima princesa aparece totalmente desnuda.