Ingres trabajaba siempre con el mismo sistema: trazaba las figuras desnudas para asegurarse la corrección anatómica, y después les dibujaba encima los vestidos, que también había trazado aparte (véase el
Estudio para la baronesa Rothschild). Sin embargo, no deja de ser curioso ver a la noble
princesa de Broglie del retrato final completamente desnudada por los ojos del pintor, puesto que era impensable que la modelo posara de tal guisa en sus circunstancias.