Cuadro
Un año antes de morir, Ingres terminó este audaz retrato del conde de Nieuwerkerke. Durante toda su carrera había efectuado por encargo y por motu propio diversos retratos dibujados, que gozaban del mismo aprecio entre su público que aquellos pintados al óleo. Ingres era muy minucioso en su técnica y luchaba horas si era preciso con el modelo para que ofreciera la pose deseada, que ofreciera a un tiempo intimidad y elegancia. A lo largo de su carrera se había limitado al lápiz de mina de plomo para acabar los dibujos, pero en los últimos años introdujo la tiza y el pastel. De este modo, con tan sólo unos toques blancos o rosados conseguía dar brillantes golpes de luz a la figura, que la hacían destacar en volumen. Este retrato constituye un ejemplo de esta técnica, que acentúa sólo el forro del abrigo, la pechera, la condecoración y la mirada del modelo.