Ingres abordó la pintura religiosa en varias ocasiones. En este Busto de Cristo plantea un cuadro que funciona como un icono, con la imagen ideal de Cristo orante: los ojos elevados al cielo, las manos abiertas en actitud de plegaria. El rostro posee los rasgos de idealización que
Rafael imprimía a sus figuras, e incluso formalmente nos recuerda al Cristo de la
Transfiguración. Su compañera es la
Virgen del Velo Azul.