Ingres tenía una relación de amistad con el duque de Orleans,
Fernando Felipe, hijo del emperador francés Luis Felipe. El heredero se había convertido en cliente y coleccionista de la obra de Ingres hasta que un accidente lo mató en una calle de París. La muerte tuvo lugar en 1842 y la familia real encargó a Ingres el diseño de las vidrieras que adornarían la capilla funeraria del príncipe. Ingres realizó diecisiete cartones preparatorios y luego supervisó los trabajos en la fábrica de Sèvres para asegurarse que el colorido y el diseño se mantenían. Era muy exigente en estos trabajos que encomendaba a operarios especializados, como por ejemplo los grabados que se realizaron sobre sus cuadros, y quedó muy satisfecho con el trabajo de los vidrieros. En esta serie podemos contemplar a
San Clemente,
Santa Rosalía y San Antonio, trazados a la manera renacentista de los santos del
Quattrocento. Otras imágenes de la misma serie son otros tres Santos y la figura central de
San Luis.