En la segunda parte del
Crimen de Castillo se presenta a María Vicenta envuelta en una manta y con las manos y los pies ocultos para no exhibir los grilletes con los que había sido atada, según cuenta su madre. Tras ella observamos la figura de una anciana y las dos criadas que sujetan una vela con la que posiblemente lean la carta que enviaba María a su amante. De esta forma, la luz del farol se convierte en secundaria ante la "potencia" de la vela que insinúa los rostros de las dos jóvenes. Al fondo encontramos las formas de una mujer que parece reposar sobre la pared. La sensación de tristeza y drama han sido perfectamente interpretada por Goya, creando un efecto ambiental que recuerda a
Rembrandt.