La situación de la familia Gauguin era en estos primeros años de la década de 1880 bastante desahogada y Mette se podía vestir elegantemente con un clásico vestido de noche, como aquí la encontramos. Se trata de un típico retrato de corte intimista, muy habitual en los
impresionistas, girando la figura su cuerpo y girando el rostro a otro lado para no mirar al espectador. La gama de colores, la pincelada suelta y el efecto intimista sitúan este lienzo en la órbita de
Degas, a quien Gauguin admiraba profundamente.