Elegante retrato de una dama desconocida realizado posiblemente durante la primera estancia en Bretaña. Gauguin exhibe su excelente capacidad como retratista, empleando una pose poco habitual ya que la modelo no dirige su mirada al espectador, relacionándose con los retratos intimistas realizados en París bajo la influencia de
Degas - véase
Mette con vestido de noche -. Una vez más, Paul utiliza una pincelada suelta, mediante pequeñas comas, mientras que el color es algo más frío que en escenas anteriores. Al fondo aparece una cerámica, posiblemente realizada por el artista que en ese momento recurría al arte de la cerámica como otro medio de expresarse, inspirándose en modelos primitivos procedentes de Perú. Gauguin está buscando su paraíso perdido, deseando encontrarlo cuanto antes. Por desgracia para él, tampoco sabe a ciencia cierta dónde está.