En esta extraña escena existen influencias de
Degas y
Cézanne. La de Cézanne la tenemos en las manzanas que aparecen sobre el mantel de hilo blanco mientras que la de Degas se observa en la cara del pintor Charles Laval, recortada bruscamente en la zona de la derecha para obtener un efecto de mayor proximidad a la naturaleza muerta. Precisamente en ese bodegón hay una cerámica, que pone de manifiesto el enorme interés de Gauguin por este arte, que durante la estancia en Pont-Aven le sirve para expresar mejor que la pintura lo que está buscando: la unión de lo primitivo y lo moderno, una conjunción que encontrará en su próxima estancia en la Polinesia.