Rafael ha sido uno de los pintores más admirados a lo largo de la historia del arte. Los artistas franceses fueron quienes más supieron apreciar el modo idealizado de plasmar sus imágenes, sin perder jamás la corrección y el decoro. Entre los artistas que trataron de recuperar su estilo se cuentan especialmente
Poussin e
Ingres, quien sintió una devoción casi fanática por la vida de este pintor. Este autorretrato del jovencísimo Rafael (no olvidemos que murió poco después de los treinta años) sirvió al citado Ingres para recrearle en obras como Rafael y la Fornarina. En esta imagen que contemplamos, el pintor trata de mostrar su personalidad, el elemento identificativo de los retratos de Rafael siguiendo la tradición iniciada en el
Quattrocento por
Masaccio y continuada por
Botticelli o
Piero della Francesca, sin olvidar las referencias a la
pintura flamenca. La utilización de un fondo neutro ante el que se recorta la figura será repetida más adelante por artistas como
Tiziano.