Entre los temas preferidos por Gauguin conviene destacar el de la mujer desnuda, relacionándose con
Renoir o
Degas. En esta ocasión representa el mito de Ondine, que sólo podía transformarse en humana si engendraba un hijo de un ser humano y daba a luz. Trata
simbólicamente el tema del ofrecimiento sexual, mostrándonos a una mujer desnuda, de espaldas, jugando entre las olas. Representada de una manera muy sintética y simple a través de líneas curvas que se repiten en las olas, el pintor busca su inspiración en los grabados japoneses que tanto le interesan. El colorido verde, rosáceo y naranja empleado no es producto de la casualidad ya que está muy estudiado para buscar los contrastes, apreciándose interesantes manchas verdosas en el cuerpo de la joven - influencia
impresionista al considerar las sombras como una nueva luz -. Sin duda, es una obra en la que Gauguin expresa el simbolismo literario que en 1889 tanto le interesaba.