Uno de los temas preferidos de la devoción en el norte de Europa, en especial en Francia y Alemania, era el de la Piedad y el Enterramiento de Cristo. Por este motivo, desde el
Renacimiento era muy frecuente que los extranjeros encargaran a artistas de Italia la representación de estas variaciones del tema del Cristo Doliente. Poussin, de cuyas circunstancias de trabajo al respecto no se conoce nada, se inspira de manera consecuente en la Piedad de
Sebastiano del Piombo, de San Francisco de Viterbo, en
Miguel Ángel y en
Rafael. Aunque el asunto es el mismo, son apreciables las diferencias respecto al
Llanto por Cristo Muerto de Munich, de 1628-29. La composición, sobria, se estructura a partir de Cristo, en horizontal, sobre la que se alzan las verticales de la Virgen y la Magdalena. El paisaje lúgubre y los colores sombríos son el resultado de la reflexión sobre una muerte que el artista comprende cercana.