Ingres retrató numerosas veces a su joven esposa Madeleine Chapelle, pero este es uno de los más bonitos dibujos que le dedicó. La personalidad de Madeleine la convirtió en la compañera ideal de Ingres, que tuvo muchos problemas para rehacerse tras su muerte. Madeleine posó abundantemente para el pintor, que la usó como modelo para
la Fornarina, sus
odaliscas y
bañistas, etc. En este dibujo la joven se encontraba embarazada de su primer hijo, que desgraciadamente murió en el parto y le impidió volver a quedar encinta.