En octubre de 1888 Gauguin llega a Arles ante la insistencia de
Van Gogh para que se trasladara al Japón del Sur, como llamaba el pintor holandés a la villa mediterránea. Paul recibió una importante suma de dinero de manos de Theo Van Gogh para instalarse en la
Casa amarilla, demostrando su carácter huraño y poco dado a favores. Vincent se entusiasmó con la llegada de su amigo, vislumbrando la creación de su deseada Sociedad de Artistas del Sur en la que se compartieran ideas y gastos. Gauguin va a demostrar su fuerte personalidad, obligando al débil Vincent a trabajar en su estilo sintetista y
simbólico. Aquí está la esposa del
Cartero Roulin, retratada por Paul como si de una estatua primitiva se tratase. Se sitúa en primer plano, desplazada hacia la derecha para dejar ver el cuadro que se coloca tras ella. Los contornos están fuertemente marcados por el color negro, siguiendo la técnica del "cloisonnisme", aplicando el color de forma plana según las
estampas japonesas. Aun así, la volumetría de la figura es sorprendente, mostrando el carácter dominador de la dama, anticipando a
La bella Angela. Lejos ha quedado el estilo
impresionista inspirado en
Monet y
Pissarro; Gauguin ahora está dispuesto a abrir los horizontes de la pintura creando un estilo propio e inconfundible.