Hasta la llegada de
Gauguin a Arles en el otoño de 1888 Van Gogh había buscado su inspiración en la naturaleza, fruto de la filosofía
impresionista. Pero su nuevo compañero le va a convencer para que trabaje de memoria, considerando el sueño como un nuevo punto de partida. Vincent realizará alguna escena dentro del
Simbolismo, pero la realidad que inspira al pintor resulta difícil de eludir. Este campesino sembrando y el Sembrador están claramente inspirados en
Millet. La figura del hombre echando la simiente y el árbol tiene como punto de referencia la
estampa japonesa. En el fondo contemplamos el inmenso disco solar, que adquiere un significado simbólico como cooperador de los hombres. Los trazos empleados por Vincent son rápidos y violentos, utilizando una pincelada a modo de facetas. El sol y el espacio circundante muestran los toques de pincel en círculo que harán tan famoso al artista. Pero el colorido es más triste que en otras obras de esta época - véase la
Casa amarilla o el
Dormitorio del pintor - quizá porque Gauguin tampoco era la persona encantadora y maravillosa que Vincent esperaba. O bien puede ser por el deseo de captar una luz otoñal que aun siendo del Mediterráneo no deja de ser fría.