El duro invierno que pasó Gauguin en París durante 1894 será el protagonista de esta bella escena, recuperando temas que había tratado en su etapa
impresionista veinte años antes, como
Manzanos de l´Hermitage o
Tejados azules. La imagen de los tejados parisinos cubiertos por la nieve es una de las más realistas salidas de los pinceles de Gauguin, que estudia los reflejos de la luz sobre la superficie blanca y crea sombras en tonos azules como hacía
Monet. La pincelada rápida, la escasez de contornos y el colorido oscuro hacen esta escena distinta de las pintadas en estos momentos, más evocadoras de la Polinesia como
Mahana no atua. Este lienzo podría representar la excusa que necesita Paul para volver a su "paraíso" tahitiano.