Monet sentía verdadera obsesión por representar en sus lienzos las variaciones de la luz, dependiendo de cada momento del día o de la estación en la que se encontraba. Por eso cada uno de sus lienzos tiene una visión distinta, resultando espectacular su comparación. En este caso se puede emplear como referencia el
Puente de Argenteuil, variando entre ambos la captación lumínica. Éste que contemplamos tiene un aspecto más invernal, con una luz más triste, tomando el sol una importancia secundaria al dejarse ver ligeramente a través de los ojos del puente. La zona de primer plano está ensombrecida, abundando los colores oscuros tanto en la hierba como en los reflejos en el agua. El humo que proyecta la locomotora se intenta fundir con las nubes, anticipando las bellas escenas de la
Estación de Saint-Lazare que pintará Monet años después. La pincelada corta empleada es casi un símbolo entre los
impresionistas.