Gabrielle era una prima de su esposa Aline y se ocuparía de cuidar al pequeño Jean - el futuro cineasta -, convirtiéndose en la modelo favorita de Renoir. Duret comentó sobre los cuadros protagonizados por esta joven que "dudo que algún pintor haya interpretado jamás a la mujer de una manera más seductora. La pincelada de Renoir, rápida y larga, otorga la gracia y el sentimiento". Este bello retrato nos presenta a la joven semidesnuda, dejándonos ver su pecho, colocándose una rosa en su cabello, en una postura intimista que recuerda a las
bañistas de
Degas. La figura es totalmente volumétrica, destaca el exquisito dibujo del maestro, mientras que los elementos que la acompañan están trazados con esa pincelada rápida y vigorosa de la que habla Théodore Duret. La iluminación juega un importante papel en el conjunto, resbala por algunas zonas del cuerpo de Gabrielle, convierte su sonrosada piel en blanquecina y muestra la relación que mantuvo Renoir con el
Impresionismo.