Renoir sintió profunda admiración por las figuras femeninas desnudas, siendo una constante en su producción, como observamos en
Desnudo al sol, las
Grandes bañistas o las
Bañistas, mostrándose en todas ellas como un artista clasicista con ecos de
Rubens o
Tiziano. No en balde este tipo de imágenes servirá al artista para recuperar una forma que iba perdiendo el
Impresionismo y que él no deseaba olvidar, quizá por su aprendizaje como decorador de porcelanas. Sabemos el nombre de la modelo - Ana - que posa en una postura forzada, con el cuerpo hacia dentro y el rostro mirando al espectador. Un buen número de telas blancas forma el fondo, en sintonía con la piel dorada de la joven, por la que resbala la luz. Las líneas del cuerpo demuestran la exquisitez del dibujo del maestro, creando un sensacional efecto volumétrico en la figura. El atractivo rostro tiene mucho de retrato y pone de manifiesto su facilidad para este género, como atestiguan los de la
Señorita Romaine Lacaux o de
Gabrielle.