Igual que en
Ia Orana María, Gauguin une en esta obra la temática polinesia con la cristiana, recuperando sus temas
simbólicos. La figura femenina está tumbada en una cama - elemento típico de la civilización europea - mientras que al fondo observamos a dos mujeres con un niño y un típico establo europeo. De esta manera, el artista alude a las dos civilizaciones - europea y polinesia - en las que ha pasado su vida y que han influido en su personalidad. Algunos especialistas interpretan la composición como un homenaje al nacimiento de una niña habida con Pahura, una indígena de 14 años que convivía con el pintor en 1896. La pequeña falleció al poco tiempo y por eso la sostendría en el lienzo una figura encapuchada de negro. Podría utilizar esa similitud para recordar que Cristo murió para redimir a la Humanidad, apareciendo su destino ligado a su nacimiento. La unión entre la vida y la muerte será una obsesión para Gauguin y más en estos momentos tan bajos en los que se encuentra en el año 1896, pasando tres meses hospitalizado. La
Olimpia de
Manet - de la que Gauguin poseía una fotografía - sería la fuente artística en la que se inspiró a la hora de realizar esta figura desnuda junto a una mujer y un gato. Esa misma influencia también se encuentra en
Never more o
La pérdida de la virginidad. El vivo colorido sigue entusiasmando al artista, en contraste con la piel tostada de las figuras nativas. La pincelada suelta sería otra de las características de esta imagen así como la silueta marcada de las figuras, inspirada en el "cloisonnisme". Lo primitivo y lo simbólico vuelven a estar presentes en una obra de Gauguin.