Morisot va a ser la pintora de la mujer, siendo las protagonistas de sus cuadros en diferentes actitudes: en una barca,
leyendo o en el baile como en este caso. El ambiente femenino de fines del siglo XIX nos es mostrado por la artista, rompiendo con la temática paisajística de sus primeros años. Una bella muchacha en primer plano, vestida con sus mejores galas y acompañada de su abanico, espera su baile sentada en una silla. Sus negros y grandes ojos se convierten en el centro de referencia para el espectador. La virtuosa técnica que exhibe Berthe la sitúa en la élite del grupo
impresionista, trabajando con largos toques de pincel y un colorido claro y alegre, sin olvidar el dibujo como hacía su gran amigo
Manet.