Al trasladarse a Hivaoa en 1901 Gauguin ha vuelto a encontrar un poco de la felicidad que él creía perdida. Ese estado anímico se reflejará en las obras de estos años, estallando un colorido vivo y luminoso presente en esta escena, incluso fantaseándolo como apreciamos en el rosa de la playa. La escena está inspirada en las carreras de caballos que pintó tiempo atrás
Degas y que siempre llamaron la atención de Paul. También juega con el
Simbolismo que supone la carrera hacia el mar, hacia la libertad. Igual que vemos en
La llamada, parece que el pintor está interesado por la profundidad y la perspectiva, creando a la perfección la sensación de lejanía y de movimiento, apartándose de la planitud presente en otras composiciones. La pincelada empleada es bastante suelta, recuerda el estilo
impresionista que caracteriza
Los hortelanos de Vaugirard.