Como es bien sabido, en el
Barroco italiano la técnica del dibujo era considerada imprescindible en la formación de todo pintor. Sólo los seguidores de
Caravaggio preferían ignorar esta disciplina. Los jóvenes debían comenzar por copiar grabados de maestros consagrados; luego, pasaban a dibujar partes de cuerpos, tomados de modelos clásicos y del
Renacimiento. Cuando dominaban esta parcela, pasaban a copiar estatuas completas. El último paso era asistir a escuelas en que grandes maestros enseñaban sobre la copia de modelos vivos, como hacían el
Domenichino y Andrea Sacchi, lecciones que frecuentó Poussin a fines de los años 20. Este dibujo, actualmente en paradero desconocido, es uno de los estudios que tanto gustaban a Poussin en su perfeccionamiento del dibujo y el conocimiento de la anatomía humana, estudios que, con variantes, realizó durante toda su vida. Sin embargo, éste presenta caracteres peculiares, muy personales, no asimilables a otros maestros del
Barroco francés. Aunque puede recordar a cuerpos como el del Narciso dormido de
Eco y Narciso, no se corresponde con ninguna de las obras conocidas de Poussin. Tampoco se ajusta al repertorio de hombres decapitados de
La toma de Jerusalén. Es una obra difícilmente encuadrable, pero de un extraño sabor barroco en su retorcimiento, procurando extraer todas las posibilidades del cuerpo que estudia.