En 1505 Durero realizó tanto el
Gran Caballo como el Pequeño Caballo. Si en el caso anterior, el animal desbordaba los límites razonables de la estampa y se convertía en la viva imagen del poderío físico, en este caso el caballo se adecua perfectamente al marco. Está puesto en relación por un lado con el hombre, el caballero con armadura tras él, y con la equilibrada arquitectura con bóveda de cañón rescatada por el renacimiento de las construcciones romanas. El caballo sirve como nexo de unión y como un estadio más en los niveles de proporciones.En este caballo destacan la belleza de su estampa, la raza y la nobleza, así como el sometimiento a su dueño, con una pata elevada en una bella pose de exhibición. Sería exactamente la antítesis del Gran Caballo que hemos comentado anteriormente.