En 1870 Eva Gonzalès presentó esta obra al Salón de París, sorprendiendo a los espectadores por su fuerza. La obra se relaciona con las primeras imágenes realizadas por
Manet siguiendo el
Barroco español, tanto por el color oscuro como por la composición. La figura del soldadito se sitúa en un espacio neutro en el que no existe diferenciación entre suelo y pared, como ya había hecho
Velázquez. El dibujo es perfecto, destacando los detalles del traje y las calidades de las telas. La luz procedente de la izquierda resbala sobre el pequeño, produciendo un atractivo contraste de luces y sombras. La temática de un niño vestido de militar con un instrumento musical en la mano la tomó Gonzalès del
Pífano realizado años atrás por su maestro. La crítica aceptable del público vendría motivada por la edad de la artista, 20 años, cuando presentó su trabajo. Además, el tema resultó sumamente atractivo para una sociedad que pronto se enzarzaría en la Guerra franco-prusiana.