Eva Gonzalès inició sus estudios de pintura con el pintor académico Charles Chaplin, pasando años más tarde al taller de
Manet, desde donde se relacionó con los jóvenes
impresionistas. Su admiración por la figura femenina es una deuda con su maestro, al igual que el empleo del color negro. En esta escena trata de integrar dos mujeres en el paisaje, resultando una obra de baja calidad por el refinado acabado de las figuras - a excepción de las puntillas de los trajes - y la composición excesivamente estudiada al colocar el sombrero y la vara en la zona derecha como recurso de equilibrio. Sin embargo, la luz que penetra a través del follaje es un acierto que conecta con la pintura de
Monet, al igual que la pincelada abocetada del suelo o de los árboles. De esta manera, Eva une los dos estilos en los que se desarrolló su pintura,
academicismo e Impresionismo.