Los jóvenes pintores
impresionistas se interesaron especialmente por insertar la figura en el paisaje, como apreciamos en esta bella escena de Renoir tomada a "plein air", directamente del natural. La fuerte luz solar diluye los contornos y resalta los colores, convirtiendo la composición en un conjunto de trazos rápidos y empastados. Las formas empiezan a desaparecer ante la importancia de la luz y el color, provocando en los próximos años una reacción en artistas como
Cézanne o el propio Renoir. La sensación de perspectiva está perfectamente lograda al disponer la línea del horizonte en alto e ir abocetando sucesivamente los planos. Las hierbas y flores de primer plano se consiguen con empastadas pinceladas que dejan ver la materia pictórica.