Daumier buscó la inspiración en fuentes literarias en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera. Así surgen imágenes tan atractivas como el
Enfermo imaginario o
Don Quijote y Sancho Panza. En este caso se inspiró en una fábula de La Fontaine, tomándola como base para exponer un asunto de género protagonizado por figuras populares. Tres muchachas en agitadas posturas aparecen en primer plano sirviendo como inspiración obras de
Rubens; al fondo están los protagonistas de la fábula, muy esbozados. Y es que el estilo de Daumier es francamente rápido, aplicando el óleo con largas pinceladas sin detenerse en detalles superfluos. El dibujo seguro y firme del maestro constata su profesión como litógrafo y su trabajo para varias publicaciones. La iluminación y los colores están inspirados en
Rembrandt, aludiéndose a una posible influencia de la
Escuela veneciana del siglo XVIII, con
Tiepolo a la cabeza. Como podemos apreciar, las fuentes pictóricas de Daumier son totalmente
barrocas, ya que consideraba ese estilo como su auténtica guía. Sin embargo, la novedad que apunta el maestro se encuentra en los temas, a través de los cuales critica a la burguesía francesa y exalta al pueblo, enlazando con
Courbet,
Millet y las teorías socialistas.