La admiración que sentía por Manet el padre de la niña provocó una serie de tres retratos al pastel, siguiendo la técnica que había puesto de moda
Degas entre los
impresionistas. La figura de la pequeña se recorta sobre un fondo azulado, destacando el sombrero de tonalidades negras. La obra está muy abocetada, posiblemente sin concluir puesto que se aprecian los trazos del vestido. La enfermedad impedirá al maestro trabajar con tranquilidad en los últimos años de su vida.