Satisfecho por el resultado de su retrato de
Berthe Morisot, Manet decidió realizar dos litografías que reproducen con gran acierto el lienzo. La que contemplamos se hizo sólo en silueta, eliminado casi por completo los juegos de sombras. Posiblemente para su ejecución utilizó una fotografía del cuadro, que fue posteriormente calcada. Se trata de una imagen de gran belleza que parece flotar en el espacio del papel, en cierta sintonía con las
estampas japonesas que tanto admiraba el maestro, anticipando el estilo simplificado de algunos carteles de
Toulouse-Lautrec.