Jean de Cabannes era un excéntrico músico que participaba habitualmente en las tertulias del Café Guerbois y del Nouvelle-Athenès. Manet realizó este retrato pocos días antes que el modelo ingresara en un sanatorio, destacando su demacrado rostro y sus ojos enfermizos. De esta manera, el maestro pone de manifiesto su facilidad para captar el carácter de sus modelos, como
Rembrandt,
Velázquez,
Tiziano o
Goya, maestros por los que sentía profunda admiración. La técnica al pastel no es muy habitual para los retratos masculinos pero le sirve para transmitir toda la fuerza del rostro.