Desde los años finales de la década de 1870, Manet eligió pequeños cuadros con temática floral antes que grandes composiciones. La causa de esta decisión se encuentra en las enfermedades que minaban la salud del pintor. Habitualmente se trata de diferentes tipos de flores en un jarrón de cristal sobre las que resbala la luz, eliminando cualquier referencia espacial. La pincelada fragmentada sitúa a Manet muy cerca del
Impresionismo, al igual que el vivo colorido.