Jonás fue devorado por una ballena y tres días después expulsado por ésta en la playa, por lo que se considera a este profeta como prefiguración de la Resurrección de Cristo. Por esa razón, Miguel Ángel pinta al profeta con un enorme pez a su lado. Jonás es de los últimos en ser pintados, el más cercano al
Juicio Final y la presencia de Cristo, por lo que ha abandonado por completo la tarea de escribir sus profecías para admirar la cercanía de la divinidad. El profeta se encuentra sentado en un escabel de mármol adornado de escultura y balaustres dorados. Tras él hay ángeles que le ayudan en su tarea profética, de la misma manera que podíamos ver en otros profetas como
Ezequiel o
Zacarías, o en el caso de las sibilas, como la
sibila délfica. La postura tremendamente escorzada anticipa el
Manierismo, destacando la potencia y la fuerza de la figura, cuya anatomía indica el canon miguelangelesco.