Los retratos de Botticelli en sus últimos años se verán reducidos a la figura, eliminando los paisajes o las referencias espaciales de sus primeras obras -
Retrato de una dama o
Giuliano de Médici - para mostrar un fondo neutro, intentando que el espectador no se distraiga en elementos superfluos. Estos retratos mejoran al incorporar una mayor dosis de naturalismo, interesándose por aspectos psicológicos del personaje. Es el caso de este hombre desconocido, posiblemente un importante personaje de la Florencia de fines del
Quattrocento, vestido de negro para que el público se centre en su desconfiada mirada. Las líneas del rostro están esculpidas como si de una estatua se tratara, resaltando el carácter volumétrico de la figura a través de la iluminación empleada. La relación del artista con
Verrocchio o Donatello provocará ese sensacional efecto escultórico que otorga Botticelli a sus personajes. Se ha especulado con la posibilidad de que fuera Michelle Marullo Tarcagniota, pero no existen suficientes datos que aseguren esta hipótesis.