Hacia 1485 llegó a Florencia el
Tríptico Portinari pintado por
Hugo van der Goes algunos años antes y adquirido en un viaje a Flandes por uno de los miembros de la familia Portinari, de donde procede el nombre. La enorme influencia de esa tabla
flamenca en esta Natividad de Piero della Francesca hace pensar en un viaje no documentado de Piero a la capital de la Toscana en torno a 1485 donde pudo admirar el Tríptico; podría especularse en el conocimiento a través de un grabado o de una estampa debido a la repercusión de la obra de Van der Goes en el ambiente artístico florentino de fines del
Quattrocento. Las notas flamencas son evidentes al situar al Niño sobre los enormes pliegues del manto de la Virgen así como el detallismo generalizado de los vestidos; sin embargo también se apunta la posibilidad de un influencia de Luca della Robbia en una cantoría ejecutada para el Duomo florentino. Piero della Francesca no llegó a finalizar el trabajo, considerándose como la última obra realizada por el maestro; desconocemos las causas por las que no concluyó los rostros de la Virgen y de los pastores, apuntándose la posibilidad de ceder esa ejecución a sus ayudantes. Las figuras se integran en el espacio gracias a la luz empleada, destacando su volumetría y su aspecto escultórico. Elimina todo el lujo característico del mundo flamenco para mostrar una composición tranquila y serena, en la que los puntos de fuga adquieren cierto arcaísmo aunque la perspectiva resulta bastante correcta. Con estas características, Piero se incluye entre los miembros más destacados del
Renacimiento italiano, aportando diversos elementos que crearán escuela entre algunos artistas del
Cinquecento como
Perugino,
Luca Signorelli,
Giovanni Bellini o
Rafael.