Ya en sus primeras obras demuestra Toulouse-Lautrec cierta divergencia respecto al
academicismo y a la pintura tradicional. En el taller de Bonnat - donde estudió en 1882 - aprenderá a dibujar con un trazo poderoso y una gama clara. El abocetado de esta figura desnuda demuestra la rapidez con que trabaja el artista, captando perfectamente los rasgos generales de la joven. La figura será la gran protagonista de sus cuadros, llegando a decir en alguna ocasión: "sólo la figura existe, el paisaje no es más que lo accesorio". La tapicería del diván sobre el que se recuesta la muchacha está realizada con una rápida pincelada en relación con la pintura de vanguardia imperante en aquellos años: el
Impresionismo.