Tras abandonar el estudio de Leon Bonnat en septiembre de 1882, Toulouse-Lautrec se instala en el taller de Ferdinand Cormon donde realizará esta obra que contemplamos, manifestándose el interés del artista por representar figuras ya sean desnudas o vestidas, enlazando con el estilo de
Manet o
Degas. La figura, como en estos maestros
impresionistas, será el elemento clave y definitorio de la pintura de Henri. Una mujer joven aparece en el centro de la composición, desnuda pero ataviada con zapatos, medias y ligas, mostrando un aspecto erótico que se acentúa por el gesto de llevarse el dedo a la boca. Su manera de sentarse en el diván aludiría a sus intereses comerciales, pudiendo tratarse de una de esas escenas del mundo de la prostitución que tanto atraen al pintor como
La gorda María o
El salón de la rue des Moulins. Otro de los intereses de Lautrec en estos momentos es la descripción de como resbala la luz sobre la figura y el espacio, una luz diferente a la empleada habitualmente por los
impresionistas. El tapizado del diván es similar al que encontramos en el
Desnudo femenino, enlazando dos de las mejores obras de los años mozos del artista.