La admiración de Van Gogh por
Millet se poso de manifiesto durante su labor como vendedor en la casa Goupil de La Haya. No en balde, Vincent llegará a afirmar que Millet hizo más por la pintura francesa que
Manet. En estos primeros trabajos sentirá una especial atracción hacia los campesinos como este joven, deseando mostrar al público la dureza de sus vidas. El rostro del muchacho expresa su tristeza mientras que en su camisa apreciamos los remiendos. En su dura labor no hay momento de descanso, compartiendo con el pintor sus angustias. Vincent había pasado tres años con los mineros en Borinage, sufriendo y conviviendo con ellos, intentando transmitir al espectador las sensaciones que experimentó. Técnicamente nos encontramos con un dibujo firme y seguro, aplicando el color de manera acertada al crear sensacionales efectos lumínicos con la aguada. Su interés por la anatomía se demuestra en la postura forzada del muchacho, consiguiendo un bello escorzo que parece inspirado en la escultura clásica.