Vincent pasará casi dos años en La Haya junto a Sien Hoornik, una prostituta embarazada que tiene ya una niña. Los primeros momentos de felicidad dejan paso a una tensión que se pone de manifiesto en el verano de 1883 cuando Van Gogh baraja la posibilidad de abandonar a la mujer. Sus padres no estaban de acuerdo con la relación y respiraron tranquilos cuando recibieron noticias de la ruptura. En estos momentos, Vincent encontrará en la naturaleza su vía de escape, tomando numerosos paisajes del natural como las
Casas de campo o esta vista de las cercanías de La Haya dominada por la intensidad del cielo nuboso. La relación de estas obras con la
Escuela de La Haya e indirectamente con el
Barroco Holandés es manifiesta, aun cuando el joven artista esté dando sus primeros pasos. Las tonalidades oscuras dominan la composición, ocupando el cielo las dos terceras partes del lienzo, creándose un intenso contraste entre el azul y el verde. Las nubes parecen moverse, otorgando un dinamismo a la escena que eleva su realidad. El color ha sido aplicado con pinceladas largas y seguras, sin detenerse en detalles superfluos para captar una sensación ambiental y lumínica de gran belleza.