En julio de 1884 Van Gogh recupera su serie dedicada a los tejedores, interesándose por mostrarles ante una ventana abierta al exterior donde con alguna dificultad contemplamos un paisaje. Las obras encierran la misma crítica social que las ejecutadas en febrero-mayo, encontrándose las figuras en oscuros interiores dominados por la inmensa mole del telar. El deseo de transmitir la situación laboral de estos hombres es la principal preocupación de Vincent, contrario a la industrialización y partidario del socialismo. La pincelada empastada con la que se ha aplicado el color es la característica más interesante técnicamente de una obra dominada por su significado, por los sentimientos del maestro a través de sus trabajos, enlazando con el
Expresionismo.