Todo lo que rodea al joven Vincent durante su estancia en Nuenen será susceptible de ser pintado; un
paisaje, la labor de los
campesinos o los
tejedores, la
subasta de madera o el nacimiento de un ternero impresiona de tal manera al artista que le dedica un espacio en su producción. El pequeño ternero se encuentra sobre una cama de paja, creándose un interesante contraste entre la oscuridad del fondo y la claridad de primer plano, recordando al tenebrismo del
Barroco Holandés. Las pinceladas rápidas y vibrantes dominan un conjunto tremendamente naturalista.