Tras el fracaso de la relación entre Vincent y la prostituta Sien Hoornik, el pintor regresa a la casa familiar en Nuenen. En un viejo lavadero se crea un estudio e inicia su ingente producción - unos 200 cuadros en los dos años de estancia -. La culminación de esta etapa de Nuenen la encontramos en los
Campesinos comiendo patatas, pero Vincent también se interesará por los paisajes de los alrededores del pueblo como la
Alameda en otoño o esta iglesia.
A base de experiencia y mucho tesón, el joven pintor va adquiriendo nociones artísticas. El tiempo pasado con Anton Mauve sólo ha servido como primer escalón de su aprendizaje. Consciente de ello, Vincent no se soltará a la ejecución de escenas detallistas y plenas de dibujismo; como aquí observamos, su pincelada es muy suelta y empastada, creando las figuras a base de manchitas de color. Las tonalidades empleadas son oscuras, acentuando la tristeza de la escena con el cielo tormentoso que contemplamos tras la iglesia. Van Gogh ha observado numerosas obras de los artistas de la
Escuela de La Haya con los que entroncará en estos años debido al estilo y al colorido que apreciamos. Incluso parece que nos encontramos ante un artista diferente al contemplar estas obras, más acostumbrados al estilo característico de los
Lirios o los
Girasoles.